Mirar Tamara Cordero

Combatir el virus del miedo

Para muchas personas la angustia ante la enfermedad puede ser peor que la dolencia en sí misma. Aunque es completamente normal sentirse ansioso en este momento por la incertidumbre que genera el futuro desde la debidilidad física, es importante enfrentar la desazón con dosis constantes de esperanza.

El miedo es la emoción que se experimenta al percibir un intenso sentimiento provocado por la apreciación de un peligro o daño que puede ser real o imaginario, presente o futuro. Es la sensación que todos sentimos desde que la pandemia COVID-19 irrumpió en el mundo a comienzos de este año 2020. En mayor o menor medida, una especie de desasosiego se ha instalado en cada uno de nosotros a la hora de realizar nuestras tareas más cotidianas: desde hacer la compra hasta quedar con unos amigos o visitar a nuestros mayores en sus hogares y residencias. Miedo a la enfermedad, sí, pero también miedo por no querer convertirnos en vector de contagio, por la crisis económica que ya vislumbramos tras la sanitaria; miedo por no poder trabajar cuando querríamos hacerlo, miedo por la educación de nuestros hijos, por tener que afrontar una operación quirúrgica, una visita al médico de familia, o sencillamente por montarnos en el metro para acudir a nuestro puesto de trabajo.

Esta emoción es la respuesta que activa nuestro cerebro ante una posible amenaza; y si se le permite que se apropie del cuerpo humano sin control, puede provocar cambios físicos y psicológicos en los pensamientos y las conductas. Ante este sentimiento se puede responder de diferentes maneras: luchando, huyendo o paralizando lo que consideraríamos la vida normal.

“Por supuesto que esta situación que estamos viviendo nos va a dejar una huella psicológica en nuestra vida -afirma Mar Echenique, psicóloga del área de salud de Cruz Roja- pero lo importante es que no tiene por qué dejar una huella negativa, también esto nos puede dar herramientas para afrontar la vida, para relativizar lo que es y lo que no es importante y para adquirir nuevas fortalezas. De lo que no hay duda es de que será una experiencia de vida en todos los casos”. 

existen respuestas positivas al miedo que ayudarán a afrontar el momento histórico que se está viviendo  en este tiempo, proporcionándonos serenidad para ser precavidos, seriedad a la hora de acatar las normas sociales impuestas por la comunidad sanitaria y política y objetividad a la hora de priorizar aquello que llevamos a cabo cada día. El primer paso es conseguir que esta emoción no paralice el ritmo de nuestra vida.

Sin embargo, hoy proliferan las consecuencias negativas de ese temor a lo desconocido, a lo que no hemos sido capaces de prevenir. Porque la preocupación por lo que pasará en nuestro país, por el futuro de la pandemia y del mundo, es lógica y signo de conexión con la realidad, pero sentir pánico no lo es. Y ambos sentimientos son iguale de contagiosos que el virus del COVID-19.

Echenique es una de las especialistas del programa “Cruz Roja te escucha”, un teléfono de atención psicológica y acompañamiento social que se puso en marcha durante el Estado de Alarma en nuestro país y que ya ha recibido más de 5.000 llamadas. “El servicio se creó en el marco de la crisis sanitaria para las personas que estaban sufriendo psicológicamente lo que estaba sucediendo de una manera más directa, con el objetivo de ofrecer un acompañamiento emocional. Pero con la desescalada seguimos apostando por este servicio porque sigue siendo bastante requerido”. En él se atiende a las personas tantas veces como lo necesiten, y cuando se detecta un problema que necesita de un mayor tratamiento, se deriva a psicólogos especialistas para que le hagan un seguimiento. “La salud mental y emocional es como la física -continúa la experta-, cuanto antes intervengamos más fácil es que no se convierta en algo más grave. Por eso animo a todas las personas a llamar a cualquier servicio de los muchos que hay disponibles cuanto antes, para que se les de el acompañamiento que necesiten en cada momento. Nuestro teléfono gratuito es el 900 107 917 y estamos disponibles de lunes a viernes en horario de mañana y tarde”. 

El mundo que nos espera una vez hayamos vencido la crisis sanitaria mundial que estamos atravesando, seguro que será bien distinto al que conocíamos. Además, enfrentaremos en mayor o menor medida una crisis social y económica de gran alcance. La realidad es que nuestro país comenzaba a crecer económicamente después de años de recuperación y nadie suponía que un problema de tal magnitud nos alcanzase. Y es que hay acontecimientos que nadie espera, que son absolutamente impredecibles e imprevisibles. Lo importante es cómo se responde a estos momentos decisivos, qué determinaciones tomemos y qué pasos demos adelante en el camino de nuestras vidas.

La hafefobia es otro de los miedos que más están proliferando en estos días. Se trata del temor al contacto físico y a los gérmenes. También son muchas las personas que sufren el “síndrome de la cabaña”, teniendo la falsa sensación de que en casa están más seguros y no podrán infectarse. El miedo a las multitudes (agorafobia) es otro de los temores que están apareciendo. Y las consultas por TOC relacionadas con la COVID-19 se han disparado en estos meses: “Ha habido un claro repunte en las consultas de psicología clínica, aunque las demandas han sido diferentes a medida que transcurría el tiempo. En un primer momento, durante el confinamiento, hubo muchas crisis de ansiedad y trastornos de estrés agudo. Existía mucho miedo a lo desconocido, mucho temor por la salud tanto propia como de los seres queridos, incertidumbre ante la situación laboral y financiera, angustia por no poder estar cerca de las personas mayores”, aclara Silvia García Graullera, especialista en Psicología Clínica en PSICIA. Y continúa: “Pasado el confinamiento y el Estado de Alarma han aumentado los casos de depresión. El futuro incierto que se nos presenta, el estrés ambiental y sociopolítico, los duelos que se están viviendo... hacen que muchas personas se encuentren sumergidas en todo tipo de pensamientos negativos acerca del presente y del futuro. Y este sentimiento de desesperanza e indefensión está provocando síntomas como la pérdida de interés en actividades que antes resultaban placenteras, tristeza, apatía, sentimientos de inutilidad y sensación de amenaza constante”.

No es malo sentir miedo, aclara la psicóloga, “el miedo cumple una función adaptativa y nos protege frente a las adversidades. Estamos ante una amenaza real y el miedo a los contagios, a poder enfermar, a transmitir la enfermedad a personas más vulnerables, a la incertidumbre sobre las medidas tomadas, es normal y en parte nos ayuda a ser precavidos. Lo malo es cuando este miedo nos desborda, nos paraliza y se convierte en algo irracional. Entonces esta ansiedad se vuelve anticipatoria en forma de pensamientos catastrofistas y limitantes. En este caso se produce un desgaste emocional en el que se pierden los recursos de afrontamiento y puede dar lugar a enfermedades y trastornos psicológicos”.

uno de los síntomas más expresos del miedo es la pérdida de esperanza, lo que puede provocar que se produzca el pánico y se actúe de manera irracional. Como ha pasado en Grecia, donde los nacionalistas, olvidándose de cada uno de los rostros de los refugiados, están pidiendo que se establezcan campos de concentración, para proteger a la población local de la “posible” infección por coronavirus. O en Italia, donde Matteo Salvini, líder opositor, dijo que “los inmigrantes son una amenaza para el país porque pueden portar el virus” y criticó al Gobierno por rescatar a varios refugiados africanos. Son situaciones con fines interesados y partidistas, pero, en definitiva, ejemplos negativos de lo que el pensamiento catastrofista puede limitar nuestras vidas. Y sin duda, son situaciones que no contribuyen a relajar las inquietudes en este momento de inestabilidad social y emocional que está viviendo nuestro mundo.

¿Qué se puede hacer para afrontar este temor de manera positiva? ¿Cómo decir no al pánico y sí a aprender a convivir con esta “nueva normalidad”? No hay recetas mágicas: “Cada persona necesita diferentes razones y consejos para enfrentar el miedo”, dice Echenique, pero sobre todo “no debemos adelantar acontecimientos que pueden ser negativos, tenemos que concentrarnos en el presente e intentar no angustiarnos por lo que pueda pasar o pueda no pasar, pues es algo que desconocemos en este momento”.

“Tenemos que intentar adaptar nuestras rutinas a esta época que estamos viviendo, para poder enfrentarnos a ella de la manera más sana -aconseja Graullera-. No podemos cambiar las situaciones y la realidad que nos está tocando vivir, pero sí tenemos que tener cierto control sobre nuestros pensamientos y actos”.

El ser humano, como ser global que debe ser considerado, es un todo en el que figuran y convergen sentimientos, pensamientos, conductas y acciones. Quizás no sea capaz de responder en este momento al sentimiento de angustia que invade la vida cotidiana, pero sí que puede actuar para que los pensamientos negativos no impregnen todo aquello que se lleva a cabo.

En este tiempo de pandemia, y en el que se vivirá más adelante, hay que seguir siempre las recomendaciones sanitarias de las autoridades, intentando mantener la calma en todo momento, aunque a veces creamos que las situaciones nos sobrepasan. Es importante también que se adquiera una rutina, que contribuya a dar cierta normalidad a un nuevo modo de vida. También, sin renunciar a la vida social, se debe ser precavido y luchar por parar el pensamiento obsesivo focalizando la atención en otros asuntos que no tengan que ver con la pandemia. En este contexto, los hobbies como la lectura y la actividad física, serán grandes aliados que pueden ayudarnos a lograrlo.

también ambas expertas coinciden que es bueno estar informados, pero que, sobre todo en un tiempo como este, hay que ser selectivos y también protegerse de la sobreexposición a los medios: “el cerebro necesita una válvula de escape ante tanto estímulo adverso y es bueno diversificar tareas que nos puedan proporcionar bienestar, activarnos y sentirnos útiles en vez de adoptar una actitud de desesperanza que repercutirá en nuestro estado de ánimo”, confirma la psicóloga clínica Graullera.

En la era digital, la sobrecarga informativa puede tener nefastas consecuencias en el bienestar físico y psicológico con una intensidad mucho más pronunciada que en otro tiempo. La experta también anima a acudir a un profesional: “Si vemos que la situación nos está desbordando, es bueno buscar ayuda”.

El ser humano es único e irrepetible. Por eso, en la vida tenemos la tarea de desarrollar lo único y especial que es. A lo largo de los años, la cultura occidental ha tendido a valorar lo racional más que lo emocional, la acción por encima de la contemplación, lo que puede producir desequilibrios en nuestro organismo. Pero ahora vivimos en la era del cultivo de lo emocional, haciendo énfasis en la necesidad de ser intuitivo, creativo, sentimental y contemplativo, en un intento por restablecer el equilibrio al que se nos ha conducido en los últimos siglos de historia.

el miedo es una emoción que todos en algún momento de la existencia hemos experimentado. Dejar que el pánico se apodere de nosotros es bien distinto. La mejor forma de enfrentar esta situación difícil es respirando hondo, intentando escuchar nuestro interior para entender de dónde proceden estas emociones negativas; encontrando en nuestro ser la esperanza necesaria para abordar este momento histórico y aceptando que, aunque el mundo que nos espera será sin duda distinto a lo imaginado, la vida está por encima de todo.

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