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Tamara Cordero

Raúl Flores: "Hay que priorizar a las personas"

Desde Cáritas avisan: ya estamos inmersos en una nueva crisis social provocada por la emergencia sanitaria del COVID-19. Las personas más vulnerables y desfavorecidas antes de decretarse el estado de alarma afrontarán la desescalada todavía más estigmatizadas y a la intemperie.

 

Lo avisaba el VIII Informe Foessa: 8,5 millones de personas ya están en una situación de pobreza y exclusión social. Y 6,5 millones se encuentran en la antesala de la exclusión. La llegada del COVID-19 y la paralización de la actividad social y económica en nuestro país nos hace adentrarnos en una crisis que sobrepasa el ámbito sanitario. En solo un mes ya es más profunda que la que vivimos en 2008. Y aún no estábamos recuperados. Hablamos con Raúl Flores sobre el perfil de los afectados y cuáles son las medidas a tomar para lograr salir, entre todos, de esta nueva situación.

¿Aumentará esta crisis la bolsa de la exclusión social? 

La crisis sanitaria que estamos sufriendo ya tiene una dimensión social. Está repercutiendo directamente en las situaciones de pobreza y de exclusión social, que supone un impacto en las condiciones de vida de la población que ya se está produciendo. Las primeras personas o familias sobre las cuales se está apreciando este impacto es en los más vulnerables. Y cuando digo más vulnerables me refiero a las personas que ya lo estaban pasando mal y también a las personas que estaban en una situación de precariedad, de riesgo de caer en una situación de pobreza. La bolsa ya ha aumentado. Han pasado apenas 30 días desde que se inició el confinamiento y en este tiempo hemos notado muchos cambios: a nivel laboral, el incremento del desempleo; a nivel empresarial, muchas empresas, sobre todo pequeñas y medianas, se encuentran en una situación muy delicada. También observamos cambios en los niveles relacionales: muchas personas que ya vivían situaciones de soledad, o de falta de apoyo social, están viendo como su situación empeora.  

El VIII Informe Foessa concluía que 8,5 millones de españoles ya estaban en en esta situación.

Sí, acumulando dificultades económicas, pero también en otras dimensiones. El VIII Informe se presentó en junio del año pasado y también nos daba luz sobre un elemento importante: a pesar de cuatro años de recuperación económica, todavía teníamos una bolsa muy grande población sufriendo la exclusión social. Una bolsa bastante más grande de la que había antes de la crisis de 2008. Y esto es algo que ahora es doblemente importante, ya que aún no habíamos conseguido reducir el número de personas que estaban en situación de pobreza y exclusión social. Y antes de recuperarnos, nos ha llegado otra nueva crisis. Por tanto, estamos muy preocupados. En un solo mes de crisis del COVID-19 ya estamos teniendo constancia en Cáritas de que esa población vulnerable se está incrementando muy rápidamente. 

¿Se puede dibujar un perfil de la población más vulnerable? 

En cuanto a los perfiles más característicos de variables sociodemográficas, podíamos decir que en las situaciones de exclusión social tenemos tanto a familias con hijos como a personas solas. En las familias hay muchas dificultades en el plano económico, en términos educativos, dificultades de acceso y continuación de los estudios por parte de los niños.Además, en cuanto a la cuestión laboral, cuando pensamos en pobreza o exclusión social muchas veces en nuestra cabeza lo que se dibuja es una persona desempleada; pues bien, este es un perfil, pero existe otro muy importante que ha crecido mucho en los últimos años: personas que a pesar de trabajar no consiguen salir de esta situación, bien porque el trabajo es intermitente o bien porque no trabajan las 40 horas de una jornada completa. Las dos cuestiones que más influyen en esta situación de exclusión, o influían antes de esta crisis, eran la vivienda y el empleo. Ahora lo que ya estamos apreciando es que se está produciendo un empeoramiento de la situación de las personas que ya estaban en lo que denominamos “sociedad insegura”, los que no estaban excluidos pero estaban a las puertas, y también un empeoramiento de los que mejor estaban dentro de este banco de la exclusión social y pobreza. 

Según Foessa, seis millones de personas en nuestro país estaban en la antesala de la exclusión.   

Serán de los más afectados. Es un grupo que estaba en el filo de la navaja. De hecho, cuando presentábamos el Informe decíamos: “Cuidado, porque esos seis millones de personas si tienen cambios sustanciales de sus condiciones personales pueden caer del lado de la exclusión social”. Y también decíamos: “Cuidado, porque están sin ningún colchón, cualquier nueva crisis económica les hará caer en la exclusión social”. Y lo decíamos como advertencia, obviamente sin saber que la crisis iba a llegar tan rápido y con la intensidad que ha llegado. 

¿Estamos aún a tiempo de conseguir frenar esta situación? 

Claro que sí. Pero estamos a tiempo si priorizamos a las personas. Si a diferencia de lo que hicimos en la crisis de 2008, actuamos de manera rápida, decidida y para proteger a las familias. Porque no olvidemos que esta nueva crisis, como la anterior, no la vamos a sufrir todos de la misma manera. La van a sufrir con mayor intensidad las personas más vulnerables.  

¿Qué medidas tenemos que tomar para hacerle frente? 

Creemos que es importante que se tomen medidas, por un lado, en los ingresos familiares: los gastos se siguen produciendo. Y ante esto es urgente actuar. ¿Cómo? Por la vía de la protección al desempleo, manteniendo las prestaciones y subsidios. También dejando margen a las personas para que puedan hacer frente a los gastos de una manera más suave. Pero también hay que asegurar un Ingreso Mínimo Garantizado a la población que se encuentra en situación de pobreza severa. Además, nos preocupan especialmente las personas mayores, que son doblemente vulnerables a esta crisis. Nos preocupan las familias que están enfrentando situaciones de convivencia compleja y a la vez haciendo frente al reto educativo. La escuela nos iguala a todos porque tenemos los recursos para estudiar, la explicación del profesor… sin embargo, cuando todo esto se produce en casa las familias notan más la desigualdad. Y para terminar también creemos que hay que tomar medidas en cuanto a la situación de las personas migrantes, las que están en asentamientos e infravivienda, muchas de ellas ya estaban en una situación muy complicada pero que ahora se han quedado totalmente fuera de la sociedad y del sistema. Los migrantes son uno de los colectivos especialmente vulnerables, ya que al no tener el estatuto de ciudadanía no tiene derechos en nuestra sociedad. 

Desde Cáritas han propuesto medidas a los diferentes grupos políticos…

Tenemos una capilaridad en la sociedad, en todo el territorio del Estado y en muchos niveles, que rápidamente nos alerta de la situación. Y cada vez que hemos detectado estas situaciones las hemos analizado, escrito y trasladado a diferentes administraciones. Hemos trasladado también la preocupación por las empleadas del hogar, que son personas que ya de manera normativa no tienen derecho a una prestación por desempleo, porque su propio régimen no les concede esa cobertura, pero que además están claramente afectadas por esta crisis porque no pueden seguir haciendo su trabajo. Hemos trasladado al Gobierno la preocupación por aquellas personas que realizaban su trabajo de manera informal, que en esta nueva situación se quedan totalmente desprotegidas. Hemos trasladado nuestra preocupación por los autónomos, calculábamos que cerca de 300.000 de ellos iban a ver que su actividad económica era inviable. Esto no quiere decir que tengan dificultades para pagar su seguro social, que ahí se han dado ciertas facilidades, si no que tienen dificultades para ingresar. Hemos tratado de ir trasladando muchos elementos y entre ellos el más reciente es la necesidad del Ingreso Mínimo Garantizado; aquí nuestra propuesta es muy clara: este ingreso es para responder a esta crisis, pero lo necesitamos también para responder a las crisis que puedan llegar en el futuro. La opción de Cáritas es una opción por construir un Ingreso Mínimo Garantizado de manera estable, permanente, que se asiente como una protección última estructural de las familias más vulnerables en España. Las rentas mínimas autonómicas no llegan a una de cada tres personas en situación de extrema pobreza, por tanto necesitamos un Ingreso Mínimo Garantizado estructural que al menos pueda cubrir a estos 2 millones de personas que viven en la situación más extrema. 

¿Nos sentimos más comunidad desde que estamos confinados?

Quiero pensar que esta situación nos va a ayudar a sentirnos comunidad en dos sentidos. En primer lugar, para sentir que nuestro bienestar, nuestra vida, está unida al bienestar de los otros y también que nuestra vida es más plena si está vinculada con la de los otros. Y en segundo lugar, creo que nos puede ayudar a darnos cuenta que tenemos la capacidad de ayudar a las personas que tenemos a nuestro alrededor: nuestros vecinos, nuestro hermano... Claro que las administraciones públicas tienen la obligación de ayudar a la población, es más, son los garantes de los derechos. Claro que las entidades como Cáritas, u otras de la acción social, tenemos esa misión y lo vamos a seguir haciendo. Pero cada uno de nosotros tenemos también la obligación de mirar a la persona que está a nuestro lado y hacer lo que está en nuestra mano por ella. Con esta crisis tenemos que aprender que además de practicar la solidaridad institucionalizada debemos implicarnos personalmente. 

 

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