Comentario a la Palabra

Antonio García Rubio

XXXIII Domingo Tiempo Ordinario

Proverbios 31, probablemente un varón, canta a la mujer servicial. Posiblemente a ella ni la vaya ni le venga esa alabanza. Ella nunca se canta a sí misma. A María, la madre de Jesús, a pesar de los mantos y joyas con que la adornan, tampoco se la imagina como una modelo de pasarela. Su persona es un canto a la mujer humilde, sin importancia ni porte privilegiado. No es altanera ni inmadura. Es una mujer consciente, libre al servir, adulta, sabia, orante, de palabra clara y contundente, que busca la perfección del amor, hace el bien y cuida de los pobres. Así obra el Espíritu a través de la que elige: "Adquiere lana y lino, los trabaja con la destreza de sus manos. Abre sus manos al pobre. La que teme al Señor merece alabanza". Aunque la mayor libertad y alegría es la ausencia de alabanzas. Son los humildes los que atraen la conversión de los que no creen, dudan o han roto con la fe.

Salmo 127: "¡Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos! Comerás el fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien". Una bienaventuranza apropiada a la mayoría del pueblo; a la gente normal y común que se levanta con el ánimo de hacer posible lo justo, lo noble, lo misericordioso; a la que con sus gestos de bien, sus palabras y sus consejos, su oración responsable y su saber compartir, hace crecer un mundo humano y solidario, el Reino, a pesar de sus incertidumbres; a los innumerables santos que entrelazan de amor cotidiano, sin quejas ni cansancios, el más hermoso tapiz de la humanidad; a los que recrean el Cuerpo de Cristo del que participan en Comunión de vidas. Benditos ellos. Bienaventurados todos. Dichosos los se la juegan por el pobre y el indefenso, los que siguen con humildad el camino de Jesús en esta Jornada Mundial de los pobres, que se celebra este domingo. Les irá bien, sentirán su protección entrañable y amorosa.

A los 'hijos de la luz' algunos los ven perfectos, sin mancha, elegidos y capaces de lo bueno y milagroso, cumplidores de las normas. 1 Tesalonicenses 5: "Vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas, Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados". ¿Habrá otro modo de ver a los 'hijos de la luz'? ¿Habrá ‘hijos de la luz’ imperfectos y con aristas, arrugados y poco atractivos? Mirar sin florituras, escrutando y discerniendo la verdad que ocultan. Mirar el ejemplo del sufriente, copado por el dolor físico, psíquico y espiritual, curtido en medio de batallas, cansado de buscar la vida en escondrijos, como el hijo menor de la parábola del Hijo Pródigo. Mirar al dolorido que descubre una llamada desconocida por dentro, y que no la sabe interpretar. Poco a poco comprenderá lo que ignora, conocerá su herida y se prestará a la sanación y la conversión permanente. Será un convertido con poca fuerza, un hombre oscuro, pero en él se transmitirá la luz. Lentamente, en su penumbra iluminada, se irá transformando en un ‘hombre de luz’. Un pecador convertido da más luz que cualquier estrella reluciente en la noche, más que la luna azul de días atrás.

Ser hijo de la luz y del día no requiere perfeccionismo, requiere fuego, Espíritu, amor, determinación, pobreza, humildad para no ser ni pretender nada. El hijo se transforma en 'hombre luz', si no se prepara para serlo; si vive oculto en la noche del dolor, y comparte en silencio la herida de los desheredados; si es bienaventurado por ser hambriento, sediento, desnudo, sufriente, perseguido. La mujer se transforma en ‘mujer luz’ si no usa el postureo, y no aparenta tener un ego iluminado y refulgente; si se deja hacer como quiere Dios que sea; si deja que sea el Espíritu el que la convierta en luz, aunque venga de ser prostituta, científica atea o una Kelly en absoluta precariedad.

Cambiar la mirada. Mirar como Jesús miraba a Zaqueo, a Magdalena, a la adúltera, a Mateo. Descubrir las 'personas luz' que transitan la parte oscura de la vida y son tocadas secretamente por Dios en este tiempo incierto. No confiar en apariencias engañosas. Salir a los caminos, junto a los pobres, bienaventurados, y convidados al banquete. Mateo 25: "Al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene". ¿Qué dice Jesús? ¿Se refiere a tener dinero? No. Lo sabemos. Se refiere a un tener espiritual, a un crecer ético desde la estrechez y la opresión. Jesús habla de crecimiento en sensibilidad, misericordia, anhelo de libertad, práctica y defensa de la justicia, empuje de la amistad y el encuentro. Habla de vibrar ante el dolor del hermano. Al que así vive se le dará y le sobrará. Y al que se quede en lo que no es, en ambiciones y corrupciones, se le quitará lo que tiene…, y se le transformará por el amor.

Dar la vuelta a los ojos y a los pensamientos, para así percibir la apuesta de Jesús.

Antonio García Rubio

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