Comentario a la Palabra

Antonio García Rubio

XXVI Domingo Tiempo Ordinario

Muchas veces hablas de humildad, pero raramente la prácticas. Esa es la piedra de toque que marca la diferencia entre una persona tocada por el amor, y otra que simplemente se deja llevar por su condición egoísta y enfermiza, protagonista e impositiva, injusta e insensible. Y no parece que te sea fácil la conversión. Muy al contrario, las tendencias poderosas del mal, que anidan secretamente en tu mente o en tu corazón, crecen en la medida que la badila de tu ego engañoso atiza las ascuas del odio, la ambición, el orgullo, la vanagloria o la envidia. Recapacita en verdad, y conviértete con autenticidad, pues, en una sociedad de mínimos éticos como la nuestra no parece que recapacitar y convertirse sean los frutos crecidos sanamente en nuestras huertas. Ezequiel 18: "Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá". Quizá por eso hoy la muerte, y los desquiciados frutos que la preceden y la siguen, campean a sus anchas, como si de una extraña, ambiciosa y soterrada guerra mundial estuviéramos hablando. Y quizá sea cierto que, habiendo bajado la guardia, pierda fuerza el anhelo y el deseo del bien común, del que gozaría todo el pueblo, y que, así se ve recluido y empujado a un delirante fracaso colectivo.

Tú, y tantos hermanos creyentes, y personas de buena voluntad, seguid intentando convencer a la sociedad en la que habitáis de la urgente necesidad de volver a mirar, comunitaria, espiritual, humilde y contemplativamente a Jesucristo. El himno de Filipenses 2, te da hoy la oportunidad de volver a sumergirte en las entrañas conscientes e iluminadas de Cristo, y te vuelve a ofrecerte de primera mano, las claves aportadas por las primeras generaciones de cristianos: "No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús". Ten, pues, y trabaja en ti, los sentimientos de Cristo. Eso supone aventurarte en el conocimiento amoroso de su persona, de su obra, de sus entrañas conectadas con el Misterio del Dios-Padre-Amor, de sus pensamientos, decisiones, contemplaciones, sentimientos, sufrimientos y enseñanzas vitales. Déjate guiar por la humildad que se te desvela en su persona. Mira al humilde y aprende de Él. Sin rivalidad ni ostentación. Como Él, considera al otro como tu hermano, y como superior a ti en tu corazón. No te encierres en tus intereses y tus ambiciones secretas. Aprende de Cristo. Y párate en serio. Deja las quejas, y comprende que Dios está en todo lo que sucede, y en lo que te sucede. Si dejas que Dios entre en verdad en acción en tu vida, aprenderás a callar, a aceptar, a abrir caminos auténticos desde la cruz y desde las heridas que te hayan dañado, a dar salida a lo bueno, lo fraterno, lo solidario, lo sacrificado y lo fiel, y al bien del otro, del pobre, al bien de todos.

Las prostitutas te preceden. No lo olvides. No seas engreído. Cualquier prostituta es mejor que tú. Si eso te lo creyeses tú y tus hermanos, estaríamos ya, todos, en el camino que conduce a la vida. Y estarías y estaríamos todos entregados con alma, vida y corazón a las tareas del Reino y del Evangelio. No importa el hecho de que a veces no estés en plenas condiciones, o incluso que muestres rebeldía. No, no importa. Pero que tu fidelidad esencial no falle. Que a pesar de tus ‘noes’ espontáneos, se impongan siempre tus ‘síes’, tu determinada determinación, de la que habla la tradición espiritual. Ve a la viña. Ponte en camino, entrégate, sirve y alaba a Dios ‘desde la salida del sol hasta su ocaso’. Mateo 21: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. Él le contestó: 'No quiero'. Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: 'Voy, señor', pero no fue... Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios". Es un honor que los considerados, y las consideradas últimas en la sociedad del dinero, sean las primeras en la fila del Reino. El hecho de que el Señor, tu Señor, sea así, y diga lo que dice, sinceramente, ha de honrarte. Dios es bueno. Y es la garantía de que todo acabará bien. Salmo 24: "El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes".

Antonio García Rubio

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