Iglesia

Lorena Pacho

"¡Nunca más la guerra!"

VATICAN POPE:epa000303952 Pope John Paul II gestures during the audience given to a Polish delegation in Vatican City, Saturday 30 October 2004. EPA/FILIPPO MONTEFORTE
© FILIPPO MONTEFORTE

Marco Impagliazzo es un historiador especializado en religión, presidente de la Comunidad de San Egidio, consultor en varios dicasterios vaticanos y  gran conocedor del pontificado de Juan Pablo II.

En su opinión, ¿qué queda del legado del Papa San Juan Pablo II?

Karol Wojtyła fue un cristiano que se enfrentó a la historia del siglo XX, marcada por tanto sufrimiento, vivió en primera persona desde su Polonia natal la Segunda Guerra Mundial, la Shoah, el totalitarismo comunista. Ante estos grandes males Juan Pablo II nos invitó a no tener miedo, lanzando un mensaje de esperanza que generó tanta energía dentro o fuera de la Iglesia. Anunció el Evangelio a un Occidente en crisis, especialmente a millones de jóvenes con los que habló con corazón de padre. A los pueblos de Europa del Este, asustados bajo el yugo de los regímenes comunistas, les comunicó un mensaje de liberación. La caída pacífica del comunismo en Europa del Este, que nadie pensó que fuera posible, es un legado de paz en un mundo como el nuestro, que ha pasado por demasiadas guerras. Las palabras con las que, ya anciano y enfermo, pidió que se detuviera la guerra en Irak. Palabras que lamentablemente no se escucharon en su momento: “Pertenezco a esta generación que recuerda bien, ha vivido -y gracias a Dios ha sobrevivido- la Segunda Guerra Mundial. Y por eso también tengo el deber de recordar a todos estos jóvenes, más jóvenes, que no tienen esta experiencia, que recuerden y digan: ¡Nunca más la guerra!”.

¿Su magisterio marcó un punto de inflexión en la Iglesia?

Juan Pablo II es un hijo del Concilio y todo su largo pontificado puede ser leído en esa línea. Pero también es el Papa que primero abandonó el plural mayestático, para dar cabida al “yo” y a su carismática personalidad. Muchas de sus elecciones marcaron profundamente la historia de la Iglesia. Pienso, entre otras cosas, en los viajes -hasta 104 fuera de Italia- que expresaron una forma de gobernar la Iglesia en movimiento, en reunión y en predicación. Otro aspecto significativo es la apreciación de los laicos en la Iglesia, que siempre fomentó. Lo recuerdo cuando, al principio de su pontificado, visitó varias veces Sant'Egidio con gran interés, dando gran confianza a una realidad muy joven. Quiero recordar también  la oración por la paz de las religiones convocada por Juan Pablo II en Asís el 27 de octubre de 1986. Es una de las imágenes más conocidas del siglo XX, que habla de la paz y la unidad entre los pueblos y las religiones. Juan Pablo II creía que los cristianos tenían la misión de hacer que mundos diferentes vivieran juntos. Este es el significado del “espíritu de Asís”, otro legado del Papa Wojtyła. No es coincidencia que tanto Benedicto XVI como Francisco, de diferentes maneras, lo hayan retomado.

¿Cree que se ha manipulado su memoria?

En un momento como el actual, existe en primer lugar el riesgo de olvidar. Y esto también se aplica a un gran hombre de la historia como Juan Pablo II. Pero también existe la tentación de manipular la memoria, como podemos ver en los recientes intentos de algunos movimientos políticos soberanos de convertir a Juan Pablo II en una bandera del nacionalismo. Intentos sin fundamento. Porque Wojtyła fue el Papa que luchó por la libertad de las naciones, empezando por Polonia, pero también trabajó por la construcción de Europa, a la que llamó “hogar común”. En efecto, distinguiendo entre “patriotismo” y “nacionalismo”, pidió que se derribara el “muro del egoísmo político y económico”, como dijo en 1997 en Gniezno ante los jefes de Estado de Europa central y oriental.

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